Volver A Nacer



A mi madre las vecinas le decían que iba a tener gemelos debido a su enorme barriga, hasta el doctor se lo dijo, pero luego, sólo me tuvo a mí. Cuando adquirí conciencia estuve pensando durante mucho tiempo que ese hermano No Nacido todavía se encontraba dentro de ella, y le tuve envidia; aunque, con el pasar del tiempo me di cuenta de que no estaba dentro de mi madre... estaba dentro de mí.

A veces, lo sentía asomado por mis ojos y observando el exterior, y lo hacía sólo un momento, para luego volver a esconderse con premura. Cuando empecé a sentir eso, no era capaz de identificar la causa de aquella sensación y me asustaba, pero con el tiempo comprendí que el culpable era mi hermano… El No Nacido.

Tuvimos una relación problemática y difícil. Hasta llegamos a enemistarnos. Decidí ignorarlo durante unos meses, y fingir que no sabia de su existencia ni sentía su presencia.
Sin embargo, un día mientras comía, noté que intentaba apoderarse del control de mi mano derecha y eso me enfureció. Me levanté enrojecido, fui al baño y me desafié en el espejo. Si él no había querido nacer ese diez de agosto era problema suyo, ya era demasiado tarde, lo mejor era que dejara de molestarme.

Pasaron meses sin sentirlo cerca, y hasta pensé que se había rendido y había admitido su derrota.

Días después de cumplir mis dieciséis años, me di cuenta de cuán equivocado estaba. Fui a una fiesta un viernes en la noche y me había fijado en una chica que estaba sola en una mesa. Me acerqué para hablarle, pero antes de poder darme cuenta, mi cuerpo estaba paralizado. Comencé a temblar… sabía que mi hermano era el causante. Me tapé la boca antes de pronunciar alguna indebidez  y con mucho esfuerzo, logré arrastrarnos hasta la calle. Nos tire en el suelo y me golpeé con mucha fuerza en el estómago, creo que le dolió. Entonces me obligué a arrodillar en el suelo, me cogí del cuello y me di un bofetón. De pronto, sentí su mano en la mía, y luego las piernas, como si me estuviera poniendo un disfraz, intenté estirar el cuello todo lo que pude en un absurdo intento de huida, pero no pude escapar. Su cuerpo me empujó hacia atrás y tomó el control. Quedé aprisionado dentro de un cuerpo muy oscuro.

Ha pasado bastante tiempo desde eso, y ahora soy yo el que se asoma de vez en cuando a sus ojos “para ver el exterior y esconderse con premura”. La gente me dice, sin darse cuenta de lo que pasó, que ya he madurado.

Elle... Eso creo

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